Comience su recorrido en el Centro de Información Turística de Yuasa antes de dirigirse a la Cervecería Kuyogura de Marushin Honke, donde todavía se elabora salsa de soja utilizando métodos tradicionales de fermentación natural.
En el interior, envuelva por los cálidos aromas de moromi (pasta de soja fermentada) mientras descubre cómo la soja, el trigo, la sal y el kōji se transforman lentamente para crear el profundo sabor umami de la auténtica salsa de soja japonesa. Vea las enormes cubas de madera, utilizadas durante generaciones y aún en funcionamiento, verdaderos testigos de una artesanía donde el tiempo sigue siendo el ingrediente más valioso.
Después de esta visita, tómate un descanso en Kura Café para degustar un helado hecho a mano con sabor a salsa de soja, una especialidad original que refleja la creatividad culinaria de Yuasa.
Continúe el recorrido por el distrito histórico protegido de Yuasa, reconocido como un Distrito de Preservación Importante para Edificios Tradicionales. Pasee por sus estrechas calles bordeadas de antiguas casas de madera y descubra cómo Yuasa prosperó durante el período Edo gracias al comercio, la producción de sal y la tradición de la fermentación.
El punto culminante de la experiencia es la visita a Kadocho, la fábrica de salsa de soja más antigua aún en funcionamiento en Yuasa. Hoy en día sigue siendo el único en Japón que produce salsa de soja exclusivamente utilizando métodos tradicionales, sin ninguna mecanización. Las cubas de madera, el moromi mezclado a mano y la larga fermentación natural han permanecido inalterados durante siglos. Al preservar fielmente estas antiguas técnicas, Kadocho no es simplemente un museo, sino un verdadero patrimonio vivo de la cultura japonesa de fermentación.
El recorrido concluye en la Estación Yuasa, pero el aroma de las cubas de madera y el ritmo tranquilo de fermentación quedarán en tu memoria mucho después del viaje. Visitar Yuasa es un regreso a los orígenes de la salsa de soja japonesa, en una ciudad donde la historia no solo se recuerda, sino que se sigue viviendo cada día a través del saber hacer transmitido de generación en generación.