Cuando se reúnen a la mesa, siempre se mantiene un vínculo que une no sólo a los comensales, sino también a la vajilla colocada en la mesa para formar algo mágico en un conjunto donde todo tiene siempre su lugar y nada se deja al azar.
Al reunirse a la mesa, se desarrolla un ritual sagrado que se renueva con armonía y encuentra su culminación en la felicidad de compartir. En una armonía de sabores y sonidos que hace latir el corazón al unísono.