Si llega a Acapulco y no va a ver a los clavadistas, la visita no estará completa. La tradición de estos saltos se remonta a 1934, cuando dos vecinos de Acapulco se retaron a demostrar su valentía y decidieron medir su coraje lanzándose al mar desde la cima de un acantilado. Esta tradición de Acapulco tiene lugar cada noche desde los acantilados de La Quebrada en el casco antiguo de Acapulco.