Su visita comienza entre las cabras, curiosas, amistosas y absolutamente encantadoras. Caminarás por los corrales, aprenderás sus nombres, entenderás cómo las razas autóctonas de Lanzarote se han adaptado al terreno volcánico a lo largo de los siglos, y descubrirás por qué la calidad de su leche es diferente a cualquier otra producida en otros lugares.
Desde los corrales, seguirás el viaje de la leche: el proceso artesanal de coagulación, la conformación de la cuajada, los baños de sal, las salas de maduración donde descansan las ruedas en silencio. Su guía, un miembro de la familia, le explicará cada paso con el orgullo y la pasión de alguien que ha vivido este oficio toda su vida.
Luego viene lo más destacado: una degustación generosa en el espacio dedicado de la granja. Llega una tabla de temporada: quesos frescos con un delicado brillo láctico, variedades semicuradas con pimentón u orégano, ruedas envejecidas con profundidad y complejidad, y quizás un azul atrevido que sorprende incluso a los amantes del queso sazonado. Cada queso se marida con vino, y cada uno cuenta la historia de esta tierra.
Para cuando te vayas, no solo sabrás más sobre el queso. También conocerás Lanzarote un poco mejor.